que de niños veíamos a todas horas.
Entonces deseábamos poderlas tocar
y también lo imposible : junto a ellas volar. Ya no vemos, ni despiertos ni en nuestros sueños, Y a pesar de todo, cada mañana sin faltar, las mimosas hadas nos vienen a despertar. Y sin desesperar, se sientan y esperan
Pero los años han pasado, hemos crecido, y en adultos fríos nos hemos convertido. los seres en los que creíamos de pequeños. El sueño cansino que alejamos de los ojos lo guardan ellas en lindos tazones rojos. a que digamos las palabras que tanto anhelan: " ¡ Creo en las hadas ! " ¡ Dilo alto y claro ! Vamos, amiga, no tengas reparo. Cada vez que lo pronuncies conseguirás que sobreviva una delicada hada más. Si dices: " ¡ No creo en las hadas ! ", en cambio, un hada morirá sin poder remediarlo

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